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La
piedra, desprendida por la explosión del barreno, era
pulimentada in situ y luego, arrastrada por los bueyes,
se llevaba hasta la maciza carreta que le había de transportar.
Los toros son capados antes del año de edad. El peso
del buey utilizado en las pruebas de arrastre varía
entre 500 y 650 kilos para los concursos.
La
forma de las piedras es rectangular, ligeramente más
estrechas en su cara anterior, en la que se ha labrado
un orificio para el enganche de la cadena. Su peso varía
mucho, oscilando entre 1.500 y los 4.000 kilos. La piedra
de Tolosa pesa 4.000 kilos, y las de Gernika y Munguía
4.500 kilos. En el probadero municipal de Berriatua
existe una de 5.250 kilos, que no se corre desde 1950.
En los desafíos es más frecuente el empleo de piedras
grandes.
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En
los concursos se elige piedra más pequeña ganando el
espectáculo en vistosidad al hacerse el recorrido más
rápido. La piedra es arrastrada por un piso formado
por cantos redondos.
Hay
plazas de adoquín, desechadas por los propietarios,
pues los bueyes resbalan continuamente sin poder asentar
las pezuñas. La longitud de las plazas varían según
las localidades. Hay una gran variedad de distancias,
oscilando entre 22 y 28 metros.
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